Luego de escribir lo anterior hice algo realmente importante: limpié la heladera del local. Porque es “expositora”. Ju-ju-ju. N siome.
Tomarse uno muy en serio.
Tomarse muy “a pecho”.
“Pecho”.
Me guiño sola el ojo. Agrego ya en ironía el gesto de hacer con el pulgar e índice una C y moverlo cortito y rápido.
Con Carol fuimos a comer y fue fantástico. Ella comió risotto de hongos y yo cordero con puré. De pronto era trasnoche, estábamos en su auto levemente puestas, ella conducía y yo le contaba del contador. Los años.
En medio de esto esto, sucedió el milagro y mi flequillo se acomodó. Cambié de orientación, de línea, de RAYA. Ahora está al costado. Cuando uno no ama compra y cuando ni compra ya, se cambia el peinado.
Quiere desaparecer también. Pero busca su forma.
Que para el carajo me siento, sola y triste y… desvastada. Cuando me angustio mucho y quiero llorar y esconderme (dormir) también quiero alguien sabelotodo, comprendelotodo, que me perdonelotodo, me abracelotodo, me bendigalotodo. Quiero Dios.
[...] Va a salir el auto de alguien muy importante* y yo sigo caminando y veo cómo uno de ellos desenfunda un arma y me apunta. El arma es colorada y un poco deforme, parece de plástico y “gorda”. Pienso guau qué loco va a dispararme y acabar con mi vida, me va a matar, así de sorpresivo, así de casual, de azaroso, de aleatorio…
Y me dispara, una, dos, tres veces. Por inercia yo sigo caminando hasta caer, en la vereda, habiendo cruzado el frente del portón. En total son como 4 o 5 tiros, todos en el pecho. Yo me miro y pienso guau voy a morir. Me da un poco de pena por Z y L, pero es tan inexorable todo que lo tomo con calma y no hay angustia, ni dolor, ni desesperación, ni pena. Estoy tranquila. El que disparó me dice algo como que “por gritar no oí” (el portón que se abría), y yo sigo ahí muy tranquila y miro a otro y le digo [...]
-Hay salida para eso, para eso que te pasa, conviviendo?
O algo así, me preguntó el psicólogo.
Yo le contesté que se lleva, como una enfermedad incurable. Se le admite, uno se cuida en líneas generales, no toma cocaína, no comete excesos, hace algo que le haga bien (yoga, huerta, tejido, algo) y así la vida va pasando, más o menos sin daños severos.
Seguimos hablando y resulta que él se refería con “eso que te pasa” a “mi mal”, a eso que duele, a eso incontrolable, a lo que vuelve en sueños o en terapia, a lo que angustia. Y yo me refería a la familia. Que también es lo que me pasa. Y reflexioné y la respuesta aplicaba para las dos versiones. Par de jenios.
me desperté con el mal, no quiero estar con nadie no quiero estar con ellos, quiero enojarme y gritar, quiero que no me jodan no me hablen no me toquen no me pidan no me miren. quiero quedarme en la cama todo el día si es necesario, no quiero compartir el espacio, si estuviera en capital me iría a pasear, pero este conurbano del orto… quiero leer y dormir y comer y nada más.
si puedo escribir el sueño de los disparos.
Hoy, Luisa me acerca su muñequita nueva y no tiene piernas. – Por qué no tiene piernas? – Se las saqué – Y ahora no puede caminar? – No puede, no. – … – Así puede Y la arrastra y la hace dar saltitos con el tronco. #Freaks.