Sopla. Nosotros la soplamos a ella, porque le causa gracia (o porque nos causa gracia a nosotros), o soplamos su comida, y ella también. Nos sopla a nosotros y sopla su comida.
Besa. Empezó con una quemadura en el dedo de papito: él, con Pocho encima, me lo mostró y me dijo Dame Besito Curativo, y yo le dí; entonces le dijo a Pocho y ella también lo hizo. Hizo un MAC, cerrando y abriendo la boca sobre su dedo. Claramente un beso. Siguieron así largo rato.
Entra y sale de su cajón de juguetes con total soltura y destreza.
Ya mereció un cajón de los de la cocina, donde están sus botellas.
También por fin la perezosa tira unos pasitos. Es tremendo cómo por una apreciación mía, una idea que me había hecho, una espectativa, una proyección que yo había hecho ella pasa a ser x (calificativo). Como Pocho empezó, dentro de lo normal, pero, prontamente a gatear, me dije “Bueno, 10 meses y arrancó”, pero no fue así. Obviamente todo bien, no la pongo a practicar ni hago nada al respecto, libertad de movimiento. Son SUS necesidades, no las mías las que deben operar. Veo/ supongo que la combinación gatear-pararse la lleva a dónde quiere. Pero igual yo le digo (cariñosamente, obvio, bromeando) (pero igual la tildo de) perezosa. Otra que Programación Neurolingüística.
Y por último lo más importante. Tengo que hacerle justicia, pobre Pocho, y decirlo: Pocho me abraza. Pocho me abraza y cuando los recibo es lo más sosegante, peaceful, pleasant, apaciguante, bello, que me hubo pasado nunca, hasta ahora.